Continuación…

Entonces la copa se convirtió en una cena doble. Una pareja los esperaba en un restaurante para cenar. Aunque en un principio se negó, terminó aceptando pues su esposo no estaba en la ciudad. De camino, ese mismo esposo quiso acortar las distancias y hacerse presente en la noche de su esposa. La llamó, ella no contestó. ¿Culpabilidad? Quizás.

Luego de la cena con los clientes la compañera propone al grupo algo de alcohol para pasar la noche. Solo el esposo acepta.

La cita doble fue muy incómoda desde el principio, el caballero que esperaba destacó la belleza de ella, y apenas dándole tiempo a responder le preguntó: “¿Duermen juntos?” La conversación en la cena se centró en la historia de la pareja, que no era pareja.

En otro estado, dos compañeros de oficina se tomaban unas copas en la barra de un bar, mientras se conocían. La mujer prefirió seguir tomando en otro lugar. Siguieron entonces en la misma situación. Otra barra, otro bar, otros tragos, más confesiones, y un beso. Volvieron a cambiar de lugar, eligiendo ahora la piscina del hotel donde se hospedaban.

Durante su cena, ella se encontró a una amiga, quien trajo el tema de la ausencia del esposo. Él volvió a llamarla y ella se levanto de la mesa y le contesto. Ambos mintieron al decirse verdades a medias, diplomáticamente seleccionadas. Cerrando para colmo con un “Te amo”.

La pareja real de la cena tenía fiesta en casa. La pareja ficticia tuvo que ir a resolver algo que ella tenía pendiente. Eso creó el espacio para que se quedaran completamente solos y libres para hablar a sus anchas. Ella se sentía muy cómoda al estar frente a su pasado, la manera en que se sentó encima de la mesa de la cocina fue bastante clara. Buscaron razonamientos lógicos del por qué. Ella fue capaz de gritar sus dudas y admitió amar tanto su presente como su pasado. A los dos los amaba. Armándose de valor su pasado también hizo las preguntas que siempre quiso hacer, a pesar de lo dolorosas que resultaron las respuestas.

Continuará…

Anuncios