El diario vivir nos exige muchos retos, muchos riesgos ante los cuales tenemos que apostar… Muchas veces con mayores posibilidades de perder que de ganar. Aún así compramos el boleto de lotería.

Es inevitable lanzarse ante los desafíos. En algunas circunstancias pensamos mucho antes de hacer el más mínimo movimiento. No es cobardía, es temor a las consecuencias de las decisiones que tomamos. ¿Valdrá la pena todo lo que estoy arriesgando? ¿No me arrepentiré mañana? ¿Seguiré sintiéndome orgullosa? ¿Cuánto durará este sentimiento de alegría?.

En las últimas semanas sus frases de batalla se han delimitado al pleno disfrute del hoy; a olvidar las planificaciones y sólo entregarse a vivir las 24 horas que nos tocan a partir de ahora.

Destrozar la programación y ser libres de reinventarnos a nuestras anchas cuantas veces así queramos.

Eso también es un reto… y en ocasiones el más difícil de todos.

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