No son solo dos compañeros de oficina cualesquiera. Ella es mi amiga. A él lo auxilio en su nuevo proyecto. Nuestras responsabilidades están entrelazadas. Ambos ostentan matrimonios.  Buenos o malos, siguen siendo personas comprometidas, cada quien a su pareja.
¿Quién me pidió llorar un muerto que no es mío? ¿Quién me dijo a mí que esas cosas deben preocuparme?
Admito que no son cuentas de mi rosario, lo sé. Mi sorpresa viene al destacarse el hecho de que no parecen ser “ese” tipo de personas.
Al día de hoy nunca dije lo que vi. Nadie se ha enterado. Me quedé con la incógnita de saber si es correcto lo que vi o si solo malinterpreté la situación.
Así se quedó mi participación en esa historia. Con un punto final desde el inicio. Como un capítulo de una novela que por casualidad un día ves. Sin penas, ni glorias.
Anuncios