Estoy enojada contigo… Sabes que no me gusta que quieran insultar mi inteligencia… Si vas a hablar hazlo, de lo contrario ni siquiera toques el tema, siento que has querido manipularme, empezar para luego no terminar, dejarme con la espina clavada, provocarme para que te exija explicaciones como antes. Me insultas, definitivamente, lo haces…. Ahora bien si no ha sido así… ¿por qué la indecisión? ¿De cuándo a donde esa inseguridad al hablarme? ¿Por qué ahora ese “temor”?…

Pero más que estar enojada hay fuertes matices de decepción… Al parecer todos estos años de querer salvaguardar la amistad a pesar de todos los obstáculos, han sido en vano… De haberlo sabido, me hubiese evitado muchos sinsabores que hoy resultaron innecesarios… Qué triste es saber que por más que lo has intentado, tus esfuerzos han valido un carajo. ¿Dónde habrá quedado la confianza que pregonabas a los cuatro vientos?

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